Saltar navegador principal

Finalmente halló aquel libro

principal

En marzo de 1973, las tormentas de otoño se habían llevado los puentes de la carretera principal en uno de los accesos a Melo, departamento Cerro Largo, Uruguay. Salvador Bas Fernández, su esposa María y sus dos hijos tuvieron que encontrar otra ruta que los llevara a la ciudad, en su viaje quincenal para conseguir suministros. Salvador tenía una pequeña finca a 50 km de Melo.

María había tenido un sueño recurrente con un libro. Cuando sostenía aquel libro, sentía una calidez reconfortante y mucha felicidad. Le contó a Salvador su sueño y ambos se preguntaron qué significaba. El domingo por la tarde, cuando volvían a casa, se vieron obligados a tomar otra ruta producto de los desvíos. El camino los llevó a pasar frente a la pequeña capilla de la de entonces rama de Melo. María le pidió a Salvador detener el vehículo.

Sabía que el libro que buscaba estaba allí dentro. María localizó la biblioteca de la rama y vio un ejemplar del Libro de Mormón en el mostrador. Reconoció el libro con el que había soñado y del cual desconocía su nombre. Lo mantuvo cerca y preguntó si lo podía tomar prestado por un par de semanas.

Ella se fue con el Libro de Mormón, Doctrina y Convenios, Perla de Gran Precio, dos manuales de la Noche de Hogar. Durante las dos semanas siguientes María, Salvador, Miguel e Isabela estudiaron los libros, leyéndolos todos. Dedicaron tiempo y especial atención al Libro de Mormón. Tomaron en serio las palabras de Moroni y oraron para saber si las cosas que habían leído eran ciertas. Sus oraciones fueron respondidas.


Tomaron en serio las palabras de Moroni y oraron para saber si las cosas que habían leído eran ciertas.


Al regresar a Melo, de nuevo para suministros, Salvador se detuvo en la capilla para devolver los libros. Preguntó cómo él y su familia podrían aprender más y fueron dirigidos al sitio donde vivían los misioneros, quienes les enseñaron las charlas durante las siguientes dos semanas.

El fin de semana que iban a ser bautizados, se percataron que no tenían suficiente dinero para pagar por el combustible requerido que les permitiría viajar a la ciudad. Se prepararon para salir de todas maneras, subieron a su camioneta y oraron para que el Señor proveyera los medios para lograrlo. Después de un rato, un gaucho solitario entró en su patio y queriendo a comprar una piel de oveja para su sillín.  Salvador le explicó que toda la lana había sido vendida varios meses atrás. El hombre insistió en que volviera a mirar en su granero. Salvador bajó de la camioneta, casi a regañadientes, sabiendo que su granero estaba prácticamente vacío. Unos minutos después, el singular comprador tenía una piel de oveja en sus manos. El combustible fue comprado y los integrantes de la familia Fernández fueron bautizados esa misma noche.

capilla_melo